miércoles, 16 de octubre de 2013

OTOÑO ALBERCANO. VIENTO. LLUVIA. NUECES. CASTAÑAS



















OTOÑO ALBERCANO
VIENTO. LLUVIA. NUECES. CASTAÑAS

Cuando se regresaba del campo, pasaban las cabras y la Mujer de las Ánimas. Comenzaban otras nuevas faenas en la casa. Había que alimentar a los animales, espacialmente a los cerdos que estaban en la cuadra. Te diré que en la década de los sesenta en las cuadras nunca hacía frío. Si no tenían luz, el carburo y el candil hacían una buena compañía
Cuando acababan las faenas – si es que alguna vez acababan para estas buenas gentes- se iba un rato a la taberna o a la puerta de la cuadra a charlar  con algún vecino.
Pero había días que.... Si habías llegado calado del campo y te sentabas a la vera de la lumbre del suelo, con el calorcillo te gustaba escuchar el temporal que se había venido encima.
No dejes de leer en Las Cordilleras del Alba, este estupendo libro de José Luis Puerto, el capítulo dedicado a la Madre de los Aires. Yo tuve la suerte de conocer a su abuelo Pablo, al leerlo parece que también me lo está contando a mí, sentado al lado de José Luis.
“Los bramidos del viento te hacían imaginar un toro herido de muerte que corriera furioso por las calles, por cortinales, por rincones,... intentando cornear la vida con sus astas lunares, con una fiereza negra llena de mugidos. La madre de los aires. Las ramas del cerezo eran obligadas a cimbrearse, a golpearse entre sí; algunas se quebraban con crujidos llenos de violencia”
Pues bien si escuchas nuestra audición puedes sentir todas estas vivencias tal y como nosotros las vivimos. Con esa puerta del cortinal que está a merced del temporal y el toque de las campanas que arrastra el viento de un lugar a otro para escucharlo en más sitios y en ninguno con claridad.
Otoño albercano, por los caminos lluvia, viento, nueces, castañas, ramas caídas en el suelo por el temporal,...


                       

                        



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